LA LESIÓN DE RUDOLF

Me dispongo a salir de mi fábrica de regalos en el Polo Norte. Los elfos ya tienen listo el trineo y han alimentado a los renos. Solo falta el saco con los regalos y el del carbón. El tiempo es bueno y hay viento favorable. Pero hay una mala noticia: la nariz de Rudolf… se ha fundido.

 

2 horas más tarde:

 

Estamos en el Miguel Servet. Estoy en la sala de espera mientras revisan a mi reno favorito. Ya sale el médico. Sin Rudolf. Esto es lo que ha dicho:

-Sr. Claus…

-Puede llamarme Santa.

-De acuerdo, Santa, hay que operar y cambiar la bombilla. La radiografía nos ha mostrado que hay un cruce de cables y…

- ¡No siga, por favor! ¿Podrá volar esta noche? Tenemos que ganar la carrera contra los Reyes.

-Lo siento, pero no creo que pueda volar con esta nariz.

-¡Haga la operación rápido y si no, sus hijos no recibirán ni carbón!

-De acuerdo, de acuerdo. Operaremos.

 

Ha entrado en la sala de operaciones. Oigo a Rudolf gritar y al médico utilizar lo que parece una motosierra. Ahora se abre la puerta y aparece una enfermera con el reno. Rudolf tiene una raja en la nariz y le va cambiando de color: verde, azul, amarilla y negra. Al final, se queda atascada en dorada. La enfermera dice:

-La luz funciona, pero no puede ponerse roja si no se hace una pastilla con hierba que no tenemos en este hospital. Esa hierba solo se encuentra en una isla del Triángulo de las Bermudas. 

-¿Y cómo se supone que vamos a ir allí sin luz?

-Eso no es nuestro problema. Si quiere ingresamos al reno y esperamos a que nos traigan la hierba y elaboramos la pastilla o se va usted por su cuenta.

-Muy bien. ¿Puede volar?

-Sí.

-Entonces nos vamos. Eh… ¿Dónde está eso del Triángulo de las Bermudas?

-¡¡Consulte un atlas!!

 

Después de muchas horas de vuelo…

 

Rudolf está sentado en el trineo. Empieza a llover.

-Oh no… No veo nada.

-Creo que estamos llegando.

-Dime otra vez el nombre de la planta, Rudolf.

-Planta Kocona… ¡Menudo nombre!

-Estamos llegando…

 

Una fuerza gravitacional invisible empieza a tirar del trineo e intenta absorberlo.

 

-¡¡¡Ya hemos llegado!!!

-¡¡¡¡Sí, pero vamos a morir!!!!

-Lo tengo todo controlado. Hay polvos mágicos que nos van a dirigir una isla.

-¿Cuál es la isla?

-Puerto Rico.

 

Los polvos empiezan a hacer efecto.

 

-Ya hemos llegado. Vamos a intentar convencer a los portorriqueños de que nos ayuden a conseguir la planta.

-Podemos sobornarles con regalos.

-No seas malo, Rudolf… Pero no es mala idea. 

 

Se encuentran con un puertorriqueño que les lleva hasta su rey.  Cuando estuvieron a solas con el rey, Santa Claus le contó su problema.

 

 -No, no podemos llevarle hasta ahí, porque esa planta es sagrada.

- Pero... pero... a Rudolf, mi reno favorito se le ha fundido la bombilla nariz.

- Lo siento, pero esa es la mayor riqueza que tenemos aquí, y además, hay una maldición: si se coge o le causan daño a la planta de nombre Kocona, caerá una gran sucesión de desastres naturales en Puerto Rico, Las Bermudas y Florida; y a nuestra isla le tocó cuidar de la planta con nuestras vidas. Además, está en el Triángulo de las Bermudas, y una vez que se entra, ya no se puede salir.

- Por favor, sin Rudolf no podremos repartir los regalos, ¡ni ganar la carrera contra los Reyes Magos! Y, usted no quiere quedarse sin regalos, ¿verdad? Además, de la maldición ya me encargo yo, que tengo magia, con lo que puedo anularla.

-De acuerdo, en ese caso, yo y mi pueblo le ayudaremos a curar a su reno.

 

Se adentran en el Trngulo de las Bermudas en una balsa, el único medio de transporte seguro de la isla.

 

- ¿Ud. cree que esa es la planta sagrada, Sr. Santa

- Lo parece, porque está apoyada en algo que parece un altar.

 

El rey se dirige a uno de sus guerreros.

 

- ¡Eh, tú! ¡Coge la planta para este invitado tan distinguido!

- No hace falta, lo haré yo. No quiero que se arriesguen las vidas de vuestro pueblo por mi culpa. Voy a probar a traer la planta con magia.

 

Hace gestos extraños...

 

-No se puede. Debe estar protegida con algún tipo de hechizo o campo magnético. Creo... creo que debemos ir nadando a partir de aquí.

- Pero... ¡eso es muy peligroso, Sr. Santa!

- No hay otra opción, si no queréis ayudarme, no importa, ya habéis hecho mucho por mí.

- No, señor, le ayudaremos en todo lo que podamos. ¡¡Nuestro pueblo nunca se rinde!!

- ¡¡¡¡Así se habla!!!!

- Muchas gracias. Vuestro apoyo es importante para nosotros.

 

Santa se acerca nadando al altar con unos guerreros. Un guerrero se acerca a la planta y alarga la mano... pero es rechazado. Suena una voz grave que no viene de ningún lado:

 

¡¡¡Sólo el heredero de las tres puntas podrá coger la planta!!!

 

Santa y los demás se preguntan quien puede ser aquel heredero tan importante para su misión, y que debían encontrarlo cuanto antes.

 

- Yo creo (empezó Santa), que el heredero debe ser alguien de vuestro poblado.

- Sí, pero... ¿quién?

 

Vuelve a sonar la voz grave.

 

- El heredero de las tres puntas será el único que consiga descifrar este acertijo:

 

¿Cuál es el único animal que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto a dos, y cuando es un anciano, anda a tres patas?

-Me suena de algo...

 

Entonces Rudolf salta:

 

- ¡¡¡Lo sé, lo sé!!! ¡¡¡¡¡EL RENO!!!!!!

- ¡No, Rudolf! Es... es....

 

Un niño de aspecto pobre dice:

 

- Es.... ¿el hombre?

 

La voz grave responde:

 

- ¡¡¡CORRECTO!!! ¡Les presento al heredero de las tres puntas!

- ¡¡No es posible!! ¡¡SOLO ES UN NIÑO!! ¡¡¡Tendría que ser yo, ya que soy el rey!!!

- Sí, pero él es el heredero de las tres puntas, con lo cual, él sí que puede coger la planta sagrada y no impediré que os marchéis.

- ¿Eres tú el que absorbe los barcos y los aviones?

- Sí, pero sólo a los que vienen con la intención de coger la planta. ¿Podríais guardarme el secreto?

- Claro, señor...

- Llamadme Guardián, por favor.

- Claro que le guardaremos el secreto, pero nos tiene que dejar coger la planta de ahí, porque sino, la luz de mi fiel reno Rudolf no se recuperará, y no habrá regalos míos.

- En ese caso, tome, Sr. Santa, la planta Kocona.

- ¿Y que pasa con la maldición?

- Lo de la maldición me lo inventé para mantener alejados a los curiosos de este santuario.

- Vale entonces no te importara que nos marchemos con la planta para curarle la nariz a mi reno favorito y poder repartir regalos a todos, a parte de ganar la carrera contra los Reyes Magos, ¿verdad?

- Claro que no. 

Santa Claus les dio mil gracias por haberle ayudado en su misión de encontrar la planta Kocona. El Guardián dejó que se marcharan con la planta y Santa fue directo al hospital, donde fabricaron la pastilla con las hojas de la planta y se la dieron a Rudolf. Su nariz se puso más roja y brillante que nunca.

 

Tras una noche ajetreada consiguió hacer felices a todos los niños y niñas del mundo, y especialmente a los niñ@s portorriqueños, incluido su nuevo rey.

Y ahora llega el momento del colorín colorado.

 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

 

LA HISTORIA DE MINCE

LA FUGA

Esta es la historia de un cocodrilo del zoo de Hoboken (ciudad del estado de New Jersey), llamado Zooboken. El cocodrilo se llamaba Mince. Él estaba muy cansado de aquella vida. Todo el día en un pequeño lago, tumbado, sin hacer nada, soportando que la gente diese golpes en el cristal para despertarle, etc… Todo en su vida era un desastre: lo único que hacía todo el día era despertarse y tumbarse hasta la hora de comer, y después hacía lo mismo hasta la hora de cenar. Los empleados del zoo lo miraban con compasión, pero no hacían nada para sacarle de allí. Él quería vivir una vida cargada de emociones, por el Amazonas, con los demás cocodrilos, cazar, descansar en el río, alguna pelea pequeña y sin importancia no le vendría mal; pero estaba condenado ha permanecer en aquel zoo.

Pero un día decidió cambiar su destino de permanecer allí encerrado, sin espacio para moverse: mientras los presentes le miraban, él dió un pequeño pero fuerte empujón al cristal, que no estaba acostumbrado a aquellos golpes y se rajó por completo. Mince salió rápidamente, entre los gritos de los presentes.Llegó a las alcantarillas y se metió en una. Cayó en las aguas residuales salpicando mucho. Mince estaba muy contento. Tenía un plan: nadaría hasta Nueva York, pasaría a visitar a sus primos albinos y luego continuaría hasta el puerto para embarcarse hasta el Amazonas.

 

EL ENCUENTRO

Nadó durante lo que le pareció una eternidad, durante varios días y noches. Estaba a punto de llegar cuando se encontró con una enorme roca que tapaba su camino a la libertad. Raspó un poco con la garra. Un pedacito se desmenuzó en su pata. Asombrado por su nueva fuerza, dio un gran golpe con la cola, igual que había hecho en el zoo. La mitad de la roca se convirtió en polvo. Con unos cuantos golpes más logró destrozar la piedra. Detrás de ella se encontró con dos cocodrilos blancos que le miraban enfadados.

 

- ¡¡¡NOS HAS ROTO LA PUERTA!!! ¿¿¡¡No podías llamar!!??

- Perdonad, yo solo quería…. Yo necesitaba…

- Oye, tú… ¿Primo Mince?

- ¡¡Hola!! ¿Primo David? ¿Prima Emma?

- Pasa, pasa, no te quedes fuera.

 

Dentro de la casa de sus primos, donde también estaban sus tíos Arthur y Jessica, Mince les contó toda su historia. Cuando acabó, Emma le dijo:

-Lo has pasado muy mal. ¡¡Te perdonamos lo de la puerta!!

-Es verdad. Mince, ¿te apetece quedarte con nosotros una temporada? Estábamos planeando un viaje al Amazonas.

- ¡¡Genial!! Precisamente quería establecerme allí, y me gustaría pasar un tiempo con vosotros.

- Vale, nos iremos la semana que viene.

 

La semana transcurrió bien, y Mince conoció mejor a sus primos y tíos, le enseñaron los mejores lugares para cazar, los atajos más útiles de la red de alcantarillados, etc…

 

EL VIAJE

El día de partida, Mince siguió a sus familiares a través del agua sucia, mientras su tío Arthur les explicaba el plan de viaje:

 

- Soy amigo de la iguana de un capitán de un barco que transporta animales. Nos ha conseguido un pase backstage para las bodegas del barco. Un lugar tranquilo y seguro en el que estaremos hasta que lleguemos al Amazonas. Ella nos proporcionará la comida.

- ¿Pero no sospechará nada el capitán?

- Le encantan los animales, y no le importarán más cocodrilos a bordo.

- ¿Pero esque hay más cocodrilos a bordo?

- Por supuesto. Cada día transporta unos diez hasta el Amazonas.

El viaje transcurrió tranquilamente por el Océano Pacífico. La iguana, llamada Jenny, les bajaba comida todos los días, y los cocodrilos se habían encariñado con ella. Después de todo, también eran parientes.  Pronto se hicieron amigos de los tres cocodrilos de Río de Janeiro que estaban alojados al lado. Eran una familia compuesta por Fernando, el padre; Rita, la madre; y José, el hijo de ambos.Ellos también estaban de vacaciones. Pasaban a cenar de unas bodegas a otras, y en esas cenas se contaban historias y noticias que habían oído. Un día, Fernando llevó a la bodega de la familia de Mince un recorte de periódico. Dicho recorte hablaba sobre la fuga de un animal en el zoo de Hoboken. El animal era… ¡UN COCODRILO! Fernando comentó:

- Tengo la sensación de haberlo visto, pero no recuerdo donde.

- Igual que viste a Michael Jackson, a Julia Roberts, a Penélope Cruz…

- José tiene razón, cariño, siempre dices que reconoces a todo el mundo.

 

Mince interrumpió:

-Pero no es nada malo que se haya escapado, ¿no?

-Por supuesto que no. Me alegro mucho por ese chaval.

-Yo también. Le conozco muy bien. Soy yo.

 

Asombrados, empezaron a felicitarle y a preguntarle cosas. Con calma, Mince y los suyos lo explicaron todo.

 

El viaje se les hizo muy corto, ya que estuvieron hablando de la fuga de Mince y de otros acontecimientos que leían del periódico.

 

EL FINAL

Cuando llegaron a su destino, los ocho cocodrilos se quedaron si habla. El paisaje que allí veían era magnífico. A su lado, sus casas eran como una cárcel. Aquí, en el Amazonas, todo era naturaleza, y los cocodrilos aún estaban con las bocas abiertas cuando el capitán les dijo que ya podían bajar del barco. Fue entonces cuando reaccionaron. Como los humanos no les entendían, se despidieron de todos los animal es del barco, y en especial de Jenny, que les había ayudado a subir al barco.

 

A partir de ese momento, cada familia se estableció en una parte del Amazonas, donde conocieron más cocodrilos.

Pasaron varios años muy tranquilos en la selva. Jenny, la iguana, fue a vivir con Mince, porque el capitán del barco había descubierto que con el trafico ilegal de animales se ganaba más dinero que transportándolos.

 

Un tiempo después, los cocodrilos se dieron cuenta de que estaban talando los árboles del Amazonas. Jenny y Mince intentaron de todas las formas que se les ocurrían  salvar el Amazonas, pero no había manera. Los dos fueron a un lugar tranquilo, sin el ruido de la motosierras, para pensar en como solucionar aquel problema. Estuvieron pensando varias horas y por fin se les ocurrió algo. Esta fue la idea que tuvieron: encorrer a las personas que talaban los árboles hasta una trampa que ellos mismos habían construido.

La trampa estaba hecha de hojas y ramas. Era un agujero muy profundo, cubierto de ramas y hojas. Les harían correr hasta la trampa y… ¡caerían en ella! Y después les obligarían a que se fueran o si no… se los comerían. Se acercaron lentamente al lugar donde iban a empezar a talar. Salieron de la maleza y se abalanzaron contra lo obreros. Ellos salieron corriendo hacia su barco, y nunca más volvieron a verse humanos por el Amazonas.

¡Este es Mince!
¡Este es Mince!

TORNADOS

Los tornados son fuerzas naturales que consisten en enormes embudos de aire que giran violentamente. Esta es la historia de un pequeño tornado que se produjo en Oklahoma. Fue muy pequeño, lo bastante como para que no le pusiesen nombre, pero ocasionó bastantes daños en el pueblo de Adams. El día anterior al tornado, todos los habitantes de Adams estaban tranquílamente realizando sus respectivas tareas. Pero de pronto, todos los animales empezaron a ponerse nerviosos. Los caballos relinchaban y daban coces, las vacas, que hasta el momento habían estado pastando apaciblemente, mugieron y patearon el suelo, las cabras saltaban en los corrales, los pájaros piaban como locos, los perros ladraban y mordían a las personas que caminaban por la calle y los gatos no paraban de arañar las cortinas de las casas (aunque eso no era nada nuevo). Nadie en el pueblo sabía lo que les estaba pasando. Nunca habían vivido una situación semejante, de modo que no sabían porque había cambiado tanto el comportamiento de los animales. No sabían que los animales podían percibir fenómenos naturales, como tsunamis, tifones, terremotos... O tornados. Tras observar el comportamiento de los animales, un hombre llamado Jack, de  New York, si que sabía lo que les estaba pasando, y lo que estaba a punto de ocurrir, ya que tenía amplios conocimiento sobre aquel tipo de fenómenos. Intentó convencer a todos los habitantes del pueblo de que estaban en peligro y de que debían escapar de allí, pero nadie le creyó. Jack  decidió que debía evacuar el pueblo en seguida, o sería arrasado, de  forma que hizo un par de llamadas y encontró lugares a salvo, pero  cercanos para llevar a todos los animales. Después fue a hablar con el  alcalde, que al principio creyó que era una broma, pero al final logró  convencerle. El alcalde utilizó la megafonía para  decir a todos que debían hacer el equipaje con lo imprescindible,  abandonar sus casas, y montarse en los autobuses que los llevarían hasta  uno de los pueblos cercanos, donde encontrarían a sus animales y alojamientos hasta que pasase  el tornado. La gente se puso en  marcha en seguida, llegaron los autobuses y las familias se montaron en  los primeros, porque las personas que tenían hijos tenían preferencia.

Cuando los últimos estaban subiendo al autobús, vieron como se acercaba el espantoso tornado. El vehículo salió disparado hacia la otra localidad mientras se zarandeaba brutalmente. Llegaron allí rápidamente, mientras el tornado se acercaba lenta pero inevitablemente a sus hogares. Aún así, la gente de Adams se atrevió a volver al día siguiente ya que querían recuperar sus pertenencias, y tenían sus animales. Además, el propio Jack había dicho que no había peligro, porque el ojo del tornado (parte del tornado que se encuentra en el centro y gira a mayor velocidad que el resto del tornado) ya se había alejado del pueblo, lo suficiente como para no causar más daños. Contemplaron desolados el lugar en el que habían vivido durante tanto tiempo,  con tanta paz y tranquilidad, y como en unos momentos había quedado destrozado por un pequeño tornado. Jack explicó a la gente del pueblo que en aquella zona no eran frecuentes los tornados, pero por causas que aún desconocía la Humanidad, se había producido allí. Se abrió una investigación sobre el extraño tornado, pero más tarde se dejó por imposible.Los habitantes tenían miedo de que volviera a ocurrir, así que  construyeron una especie de  muralla alrededor de la ciudad para que no dejase pasar el aire sufiente como para que se formase un tornado, pero lo sí para poder respirar con  normalidad.
Varios años más tarde, se retomó la investigación sobre aquel repentino tornado, y llegaron a la conclusión de que se produjo por el cambio climático.
Si queréis que no ocurra más, ya sabéis que hay que cuidar la naturaleza.